martes, 2 de diciembre de 2008

Las urgencias hospitalarias en nuestros sistema sanitario

1 de diciembre de 2008.-
Cada otoño, por estas fechas, y justo antes que empiece el invierno (y quizás la epidemia de gripe...), las Urgencias de nuestros hospitales se van saturando paulatinamente: la demora en la visita en casos no verdaderamente urgentes (o sin gravedad potencial) puede prolongarse hasta seis o más horas, los pacientes esperan en salas abarrotadas, a menos de 50 cm uno del otro, sin apenas intimidad y sin poder respetar las normas básicas de higiene respiratoria, esenciales para reducir el riesgo de transmisión de virus y bacterias por vía aérea.
Además, esperan en camillas que no son especialmente cómodas tras una o dos horas de permanecer en ellas, y asisten confundidos a un desfile de profesionales médicos que, aunque están trabajando (y duramente) no pueden atenderlos como ambos desearían, por falta de espacio y tiempo para hacerlo como debería hacerse. Finalmente, las familias esperan, a veces realmente angustiadas y preocupadas, en salas de espera también pequeñas y mal acondicionadas, y reciben, en ocasiones, menos información o con menos frecuencia de la que solicitan.
Los profesionales, médicos y enfermeras, por otra parte, tampoco están satisfechos: trabajan mucho, se ven impotentes ante esta situación, tienen que tomar decisiones rápidas y se ven abrumados por una serie de variables o factores que no controlan: falta de camas para hospitalizar pacientes, falta de camas de intensivos para los pacientes críticos, falta de tiempo para desarrollar mejor su trabajo, cansancio y miedo... Miedo a equivocarse o a no hacer las cosas bien.
La situación es de tensión constante y en ocasiones estallan los conflictos, en forma de quejas, reproches, reclamaciones, palabras algo subidas de tono, insultos e incluso agresiones.
¿Merece un ciudadano español un sistema sanitario, por lo demás muy adecuado, cuyo sistema de atención urgente en los hospitales es deficiente y tan susceptible de mejora?
¿Cuál o cuáles son las causas de este problema?
Apuntaremos algunas:
Falta de educación sanitaria en la población para acudir a los servicios de urgencias extrahospitalarios y para discriminar situaciones frecuentes no urgentes de verdaderas urgencias (una fiebre de 24 horas de evolución, una erupción cutánea o un dolor articular en una persona joven no son, casi nunca, una urgencia, por ejemplo).
Falta de capacidad de absorber y resolver con seguridad y eficacia la demanda urgente en la asistencia primaria, un mal endémico y de difícil y lenta solución en nuestro sistema, por múltiples motivos.
Falta de espacios suficientes y dignos en las Urgencias de nuestros hospitales, que permitan una atención y una espera confortables, proporcionadas y adecuadas.
Falta de sistemas ágiles de drenaje o ingreso de pacientes, incluyendo un transporte sanitario más rápido y eficaz, que permitan derivar un paciente atendido en el Hospital al nivel que le corresponda (a domicilio, a dispositivos de atención a domicilio, al propio hospital, a centros socio-sanitarios, etc.).
Falta de decisión política y de los gestores sanitarios para abordar de forma prioritaria y decidida este problema y apuntar soluciones válidas. Lamentablemente, políticos y gestores sanitarios, en una elevada proporción, exhibirán estadísticas favorables (de las que se sienten especialmente orgullosos) desmintiendo que éste sea un problema real. Cabe recordar la frase que dice que existen mentiras, grandes mentiras y estadísticas, o aquella otra que dice que si mi vecino tiene dos pollos y yo ninguno, estadísticamente cada uno tenemos un pollo.
Si han acudido a Urgencias recientemente, por ustedes mismos o por un familiar, saben de qué hablo. El resultado final de la atención sanitaria es, casi siempre, impecable. La espera y todo lo que rodea al proceso es, casi siempre, inaceptable para un país de Europa del nivel económico y sanitario de España. Algo no funciona como debería...
Antoni Trilla es jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, profesor agregado de Salud Pública en la Universidad de Barcelona e investigador asociado del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB).
El Mundo

lunes, 1 de diciembre de 2008

Otras dolencias afectan supervivencia de pacientes con Alzheimer

Cuando se le diagnostica Alzheimer a los adultos mayores, la presencia de otras enfermedades y los orígenes étnicos de los pacientes afectan la duración de su vida, publicó la revista Neurology.
El equipo dirigido por Yaakov Stern, del Centro Médico de la Columbia University, identificó 323 casos de Alzheimer en un grupo de unos 4.300 beneficiarios de Medicare que participaban en un proyecto de investigación llamado Washington Heights Inwood Columbia Aging Project.
Más de la mitad de los participantes era hispano, un tercio era afroamericano y un 10 por ciento, blanco. El equipo los estudió durante cuatro años, en promedio, hasta un máximo de 13 años en algunos casos.
Aunque la expectativa de vida general (92 años) y la edad al momento del diagnóstico (83) no cambiaron según la etnia, la supervivencia promedio a partir del diagnóstico de Alzheimer fue de ocho años entre los hispanos, de cuatro entre los blancos y de cinco entre los afroamericanos.
Tener antecedentes de diabetes o presión alta redujo la supervivencia. Un análisis de los datos reveló que el riesgo de morir aumentó 2,6 veces en los pacientes con Alzheimer y presión alta y dos veces en los pacientes con diabetes. Ambos resultados fueron estadísticamente significativos.
La edad fue otro indicador importante de una menor supervivencia después del diagnóstico: 10 años entre los pacientes de 67 a 74 años; siete años entre los de 75 a 84 años y cuatro años entre los de 85 y 100 años. Estas diferencias fueron estadísticamente importantes.
A diferencia de la mayoría de los estudios previos, la nueva investigación no detectó asociaciones entre la duración de la vida y el género, los antecedentes de enfermedad cardíaca o cáncer, o la presencia de APOE-4, el gen que está asociado con el Alzheimer y se detecta en algunos pacientes con esa demencia.
Fuente: Medlineplus. Portal Alzheimer

Desarrollan una terapia capaz de llegar al cerebro y tratar enfermedades como el Alzheimer

La terapia, denominada PACAP27, consiste en una hormona producida de forma natural por el organismo que se comporta como un neuroprotector general
Investigadores de la Universidad de Saint Louis en Estados Unidos han desarrollado una terapia que permite que los fármacos sorteen la barrera hematoencefálica y traten las áreas dañadas por enfermedades como el Alzheimer y el ictus. Los resultados del estudio se publican en la revista Journal of Cerebral Blood Flow & Metabolism.
La investigación muestra una forma de sortear el obstáculo que supone la barrera hematoencefálica en el acceso de los fármacos a las estructuras cerebrales y tratar enfermedades del sistema nervioso central.
Los investigadores identificaron y aislaron la molécula cerebral concreta que evita que la el neuroprotector PACAP27 alcance el cerebro y diseñaron otra molécula que pudiera desactivarla.
En sus experimentos, los investigadores utilizaron modelos de experimentales de la enfermedad de Alzheimer y del ictus para evaluar que pasaría si PACAP27 pudiera llegar hasta el cerebro.
Según explica William A. Banks, director del estudio, "hicimos retroceder los síntomas de la enfermedad. Los sujetos que tenían una versión de la enfermedad de Alzheimer se volvieron más inteligentes y en el modelo de ictus redujimos la cantidad de daño causado por el bloqueo sanguíneo en el cerebro y mejoró la recuperación cerebral".
La desactivación de la molécula que mantiene a PACAP27 fuera del cerebro permitió que la hormona que se encuentra de forma natural en el organismo pudiera entrar en el cerebro, donde trató el ictus. Sin embargo, en el caso de los individuos del modelo experimental que tenían una versión de la enfermedad de Alzheimer, éstos necesitaban tanto una dosis extra de PACAP27 como de la molécula que permitía que la hormona entrara en el cerebro para conseguir mejorar su aprendizaje.
"Estos descubrimientos son importantes por tres motivos. Hemos descubierto una terapia que hace retroceder los síntomas de la enfermedad de Alzheimer y el ictus en un modelo animal. Tenemos aislada la barrera concreta que evita que el tratamiento entre en el cerebro. Y hemos descubierto una forma de sortear este obstáculo para que el tratamiento pueda llegar al cerebro y hacer su trabajo", explica Banks. El investigador concluye que el descubrimiento tendrá implicaciones en el tratamiento de muchas enfermedades del sistema nervioso central.
Fuente: El Médico Interactivo. Portal Alzheimer

domingo, 30 de noviembre de 2008

Coexistir con demencia tipo Alzheimer

Dr. Aldo Guevara D’Aniello
Geriatra y Gerontólogo

El título de esta nota no responde a otra cosa que a una realidad ineludible y a una demanda de nuestros días. Es que el siglo que viviremos esta marcado por la presencia masiva de personas de tercera edad y en consecuencia de sus problemas. Uno de ellos, Cada vez más frecuente, las demencias degenerativas, de las que va a la cabeza el Alzheimer.
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Se dice que de 10 familias, 8 tienen un ultrasexagenario entre sus miembros, y de esas 6 padece de un trastorno demencial. Ello ocasiona un estado de desazón que empuja al núcleo familiar a demandar servicios a la comunidad para enfrentar el desequilibrio psicoemocional que eso produce.

Uno de los gestos típicos es deambular por diferentes consultorios, del neurólogo al psiquiatra hasta que finalmente se cae en un geriatra, pero precisamente cuando ya es muy tarde. De todos modos, es bueno anotar que aún ahora no hay curación para esta patología que destruye la personalidad del sujeto, y que se hacen esfuerzos considerables por conseguir un diagnóstico temprano a fin de prevenir sus devastadoras consecuencias.

Mantener en el seno del hogar a un añoso afectado significa adaptar todo el entorno físico para que sobreviva en ese ambiente, y adaptar los hábitos y costumbres de sus integrantes con el objetivo de lograr un equilibrio individual y colectivo. Lo difícil radica justamente en la reeducación que exige la participación coordinada de los habitantes de la casa y esa cooperación no se puede esperar voluntariamente de la parentela.
Reeducar representa un gran esfuerzo personal, espiritual e intelectual de los allegados, en el que debe primar la solidaridad, pensando que mañana posiblemente podríamos ser nosotros los golpeados por la enfermedad. Y además, esa educación implica un sinnúmero de renunciamientos que no siempre se esta dispuesto a hacer.
Por eso, las solicitudes de ingreso a los asilos de ancianos son más que considerables. Igualmente, por esa razón vemos muchos envejecidos deambulando sin rumbo cierto por calles y plazas. Efectivamente, es agotador asistir a este tipo de enfermos, sin embargo, se cuenta con principios y metodologías para enfrentar su trato que redunda en calidad de vida.
Hoy por hoy, en el siglo en el que nada es imposible, es pues soportable la cohabitación pacífica con los dementes de Alzheimer. Y tal afirmación es tan cierta que, aunque no hay curación, la industria farmacéutica ha trabajado frenéticamente en ese aspecto entregando productos que si no dan los mismos resultados en la totalidad de quienes los usan permiten sintonizar los síntomas y hacer equilibrios.
Así las cosas se hacen más llevaderas y permiten una mejor situación del individuo, al igual que un alivio a los parientes que antes sufrían más que el propio demente. En todo caso, se debe recalcar que para alcanzar esta coexistencia armónica hay que partir del reconocimiento del grupo familiar y social de la presencia de la patología sin prejuicios, ni dramatismos con el ánimo de enfrentarla con una dosis de humanidad y esperanza.